De lo Figurativo
Jesús Rivero Miró
Exposición
13.09.24 / 20.10.24
De lo Figurativo
Los caminos del arte, desde las edades antiguas, han tenido como punto de partida la mímesis, concebida desde Grecia como estudio e imitación de la naturaleza. Ya Aristóteles, en su tratado Física, consignó que: “El arte imita la naturaleza o presenta aquello que la naturaleza no puede hacer.” Y unas décadas antes, su maestro Platón había definido la mímesis ligada al arte como “producción de imágenes”. Fuese desde lo figurativo, lo abstracto o lo simbólico, fuese desde lo ritual o lo genuinamente artístico, la mímesis siempre estuvo ahí, en el centro y origen del arte. Su continuidad en la modernidad se fijó desde la Ilustración misma, con figuras como Diderot, padre del género de la crítica de arte y que no cesó en reivindicar ante los pintores de su siglo y frente a los academicistas la importancia de la mímesis, del estudio y la “imitación rigurosa de la naturaleza” como eje de la praxis artística, que había de operar a modo de transfiguración de lo real desde la sensibilidad y desde el encanto de la razón y la imaginación.
La obra plástica de Jesús Rivero Miró (La Puebla de Cazalla, 1996) transita ese mismo itinerario, arrancando del estudio y la observación minuciosa de la naturaleza, del cuerpo humano ante todo, al igual que los viejos escultores de la Grecia Clásica, y desembocando en esa sutil y compleja indagación sobre los códigos de la representación que conduce a la belleza. Llegar ahí exige un camino largo y paciente. Por un lado, de formación técnica, que Jesús ha recorrido desde la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, donde adquirió un extraordinario domino del dibujo, hasta la Escuela de Arte de Sevilla, en la que se formó en la especialidad de Técnicas Escultóricas. Por otro lado, está el camino más complejo, que no es otro que el de la indagación del arte en cuanto lenguaje, la búsqueda de un idioma propio; hallazgo que en su caso se produjo con la escultura, el soporte artístico más afín a sus pulsiones e inquietudes Incluso sus dibujos y pinturas más meritorios apuntan de algún modo hacia ella, bien modo de esbozos escultóricos, bien desde el volumen y la presencia de sus retratos. Al fin y al cabo, el arte es fundamentalmente lenguaje, instancia de comunicación que posibilita expresar desde la imagen aquello que no pueden alcanzar las palabras. No otra es la misión de lo poético, y desde ahí late el pulso de las esculturas, dibujos y pinturas de Jesús Rivero Miró. Por esa razón nos asaltan, con su reposada belleza, sembrando un poso de incertidumbre y cierto desasosiego en nuestra mirada, una necesidad de afinar los ojos y el espíritu para desentrañarlas, para oír aquello que nos susurran desde su enigmático silencio. Esa invitación a la revelación y el hallazgo es quizás el mayor valor de su obra, una promesa de sentido siempre entrevista, pero nunca conclusa, que es en definitiva la quintaesencia del arte, su lugar en el mundo. Es por ese motivo que no nos cabe duda alguna sobre la necesidad del arte y Jesús ha venido a recordárnoslo.
Comisariado por Miguel A. Rivero Gómez